mono

Expulsado del paraíso antes que el hombre

por tener unos ojos tan contagiosos

que, al pasear la mirada por el jardín,

hundía en una tristeza imprevisible

a los mismos ángeles. Por esa razón

debía, aunque sin su humilde consentimiento,

erigir aquí en la tierra sus nobles linajes.

Saltarín, prensil y atento, hasta hoy tiene gratia

escrita con la t de terciario.

Adorado en el antiguo Egipto, con una constelación

de pulgas en sus cabellos plateados por la santidad,

escuchaba archicallando, afligido,

lo que querían de él. ¡Ay, la no muerte!

Y se alejaba moviendo su rosado trasero

en señal de que ni aprueba, ni prohíbe.

En Europa le quitaron el alma,

pero le dejaron las manos por descuido;

y cierto monje, al pintar a una santa,

le puso manos delgaditas, animales.

Y la santa tenía que

tomar la gracia como si fuera una nuez.

Caliente como un recién nacido, tembloroso como un anciano,

los navíos lo llevaban a las cortes reales.

Chillaba, brincando con una cadena dorada,

con su frac de marqués con los colores de un loro.

Casandra. De qué reírse aquí.

Comestible en China, hace sobre el plato

muecas asadas o cocidas.

Irónico como un brillante en un engaste falso.

Parece ser que su cerebro, al que le falta algo,

después de todo no ha inventado la pólvora,

tiene un sabor muy fino.

En las fábulas, solitario e inseguro,

llena el interior de los espejos con sus muecas,

se burla de sí mismo, es decir, nos da un buen ejemplo,

a nosotros, de quienes sabe todo, como un pariente pobre,

aunque no nos saludemos.

 

Wislawa Szymborska

Poesía no completa

Sal, 1962

Edición y traducción de

Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia

2ª edición

FCE, México, 2008