wisława szymborska 

 

 

prosas reunidas 

 

traducción Manel Bellmunt Serrano

revisión de la traducción de

Lecturas no obligatorias:

Karolina Todorowa

Malpaso Ediciones, S. L. U.
Barcelona
1ª edición: enero de 2017

 

 

 

 

el estado de la moda

 

 

Los alumnos de las escuelas técnicas de sastrería estudian (como es debido) la historia europea de la indumentaria.

En un escaparate me llamó la atención un manual destinado a los alumnos de cuarto curso.

Eché una ojeada al índice. Se dividía la historia de la moda en cinco solemnes capítulos: las sociedades primitivas, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo.

Decidí leer el libro, ya que hasta entonces albergaba algunas dudas sobre la relación existente entre la forma de la ropa y el tipo de gobierno.

Ni siquiera los autores fueron capaces de demostrar esta relación de un modo satisfactorio por más que se esforzaron en conseguirlo. El problema es que con la llave de la puerta principal no se puede abrir el cajoncito de un escritorio.

Sencillamente, no entra.

Leo: «En las comunidades primitivas no había clases, por ello, en principio todos se vestían de la misma forma».

Ese «por ello», aparentemente lógico en este punto, resulta del todo inservible para el capítulo siguiente. Porque cuando el discurso se centra en la esclavista y, por tanto, altamente jerarquizada Grecia antigua, el alumno se entera de que también entonces la ropa que se utilizaba era la misma para todos, con una pequeña salvedad: primero la utilizaba el amo y luego pasaba a las manos del esclavo, pero los peplos y las clámides eran los mismos.

 

En Roma, naturalmente, el ciudadano de pleno derecho se distinguía del resto llevando una toga, pero su uso era muy poco frecuente durante los tiempos del Imperio. Por la calle, no era nada fácil apreciar la diferencia entre un individuo libre y otro que no lo era: solía ocurrir que los esclavos salían de casa cubiertos de oro para presumir, mientras que los ciudadanos libres se ponían el primer trapo que encontraban.

Gibbon cuenta que un buen día se presentó en el Senado una moción que pretendía poner punto final a aquella escandalosa situación y votar a favor de un uniforme reglamentario para todos los esclavos.

El Senado desestimó la propuesta no porque amase la democracia sino justamente por todo lo contrario: los esclavos, ataviados todos ellos con uniformes, se darían cuenta de inmediato de su abrumador número… ¡He aquí la complicación!

Asimismo, resulta igualmente complicado determinar la influencia sobre las modas de otros factores como el clima, los acontecimientos históricos, los principios morales o las tecnologías.

Nadie aún ha conseguido descubrir la regla que favorece que todos estos agentes se manifiesten: ¿por qué actúa primero uno, y luego otro, pero con diferente intensidad?

Es necesario resaltar vivamente esta ignorancia.

Que, por el momento, el principio más sólido y verdaderamente perceptible sobre la evolución de la moda es su dependencia de los estilos artísticos y las facultades de la industria textil.

De hecho, el manual cumple perfectamente con su cometido a la hora de demostrar esta dependencia.

Sin embargo, mucho me temo que la resbaladiza idea principal del libro debe de pesar más a la hora de formular las preguntas del examen.

Cuestiones tan sugerentes como «la moda durante la época del barroco» o «elementos de las modas antiguas que se conservan en los vestidos regionales» se verán, desgraciadamente, obligadas a ceder su lugar a otros asuntos tan grandilocuentes como «la evolución de la falda femenina y la democracia» o el «explica la diferencia entre la moda capitalista y la socialista»…

El pensativo estudiante se verá metido en un buen lío.

 

 

 

 

 

 

 

 

el desarrollo histórico de la indumentaria

Ewa Szyller, Zygmunt Gruszczyński y Wanda Piechal

Varsovia

Państwowe Wydawnictwa Szkolnictwa Zawodowego

4. ª edición

1970