wisława szymborska

 

prosas reunidas 

 

traducción Manel Bellmunt Serrano

revisión de la traducción

de Lecturas no obligatorias:

Karolina Todorowa

Malpaso Ediciones, S. L. U.

Barcelona

1ª edición: enero de 2017

 

 

 

fruto prohibido

 

 

Este libro ha sido escrito por un eminente experto en horticultura que ha comido el fruto de muchos árboles:

conoce el sabor del mango de la India, el durián de Siam, el caqui de la China, el aguacate de América, el tomate en rama de Nueva Zelanda y el fruto del árbol del pan hawaiano.

Supongo que, con solo proponérselo, podría determinar con la autoridad absoluta que conceden la teoría y la práctica qué fruto comieron nuestros desobedientes padres prehistóricos en el paraíso:

¿sería un plátano, un membrillo, un albaricoque, una granada…? Porque la manzana parece ser lo menos probable…

El libro de Szczepan Pieniążek no está destinado a los especialistas, sino a ese gran número de lectores a los que les gusta, de cuando en cuando, adentrarse como aficionados en ese poco conocido campo del saber.

Es a ellos, justamente, a quienes Pieniążek anhela injertar (¡ esa es la palabra!) el amor a los árboles y a los arbustos frutales.

Pero estos aficionados viven, sin embargo, en la constante indecisión.

Todos los libros que han leído anteriormente sobre las ciencias naturales han servido para subyugarlos a una pasión voraz.

Sin embargo, toda pasión exige para sí exclusividad y no se presta a conciliación posible con la anterior.

Si ahora me enamoro locamente de los árboles y los arbustos frutales, estaré obligada a sentir una enemistad inmediata hacia las veinte mil criaturas vivas que pueden causarles cualquier mal.

Adiós a mi antigua simpatía por los alces, ya que devoran las ramitas jóvenes de los huertos.

Adiós a mi devoción por las liebres, ya que también son unas glotonas.

Por los mismos motivos, debo mostrar a partir de ahora una vívida aversión al corzo y a la ardilla.

¡Que salgan de mi corazón los topos, los ratones y los murciélagos!

¡Fuera de aquí, estorninos, gorriones, cornejas y chovas!

Sin el amor por los insectos caminaré un poco más ligera, ya que son tantos que nunca pude adaptarme bien a un grupo tan numeroso.

Pero confieso haber sentido, incluso dentro de un grupo como el de los insectos, ciertas afinidades a las que necesariamente tendría que renunciar ahora. Como alimentar la inadmisible, si bien puramente estética, inclinación por la dysdera crocata, una pequeña araña púrpura.

Siempre la he considerado como una de las extravagancias más graciosas de una naturaleza que la ha colocado a la vanguardia de la gracia y la desenvoltura.

Y ella, mientras tanto, se dedica a extraer los mejores jugos de los manzanos y los ciruelos.

Pero, a lo mejor, no debería traicionar a la dysdera crocata.

A lo mejor debería amarla como antes.

¿Amarla a pesar de todo? ¿Amarla mientras estoy mordiendo mi manzanita sana, que es sana justamente porque en buena hora acabé con toda la familia de la dysdera crocata? ¿Seguir amándola de una manera hipócrita y perversa?

Si no es posible de otra manera…

Será entonces que todo nuestro humano amor a la naturaleza está corrompido por la hipocresía y la perversión…

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando los manzanos echen flor

Szczepan Pieniążek

Varsovia

Wiedza Powszechna

1971

 


 

 

 

 

 

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