agustín fernández mallo

 

nocilla dream

 

 

 

alfaguara 2006

 

 

 

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Hace mucho tiempo [tanto que parecen siglos] hubo un escritor muy importante y

famoso llamado Italo Calvino que nos invitó a pensar una ciudad muy bella

constituida únicamente por sus canalizaciones de agua. Una maraña de tuberías que

[según Italo Calvino] partiendo del suelo suben verticales por lo que serían los

edificios, para ramificarse horizontalmente en cada planta en la que se hallaría cada

piso. Al final de las tuberías pueden verse lavabos blancos, duchas y bañeras donde

inocentemente mujeres disfrutan porque sí del agua. La explicación [según Italo

Calvino] es que esas mujeres son ninfas que encontraron en estas tuberías el medio

óptimo para desplazarse y así vivir sin obstáculos en su natural acuático medio. A lo

que no nos invitó fue a pensar que dentro de cada uno de nosotros existe otra ciudad

si cabe aún más compleja; el sistema de venas, vasos y arterias por las que circula el

torrente sanguíneo, una ciudad que no posee ni grifos, ni aberturas, ni desagües, sólo

un canal sin fin cuya circularidad y constante retorno consolida un «yo» con el que

salvarnos de la fatal dispersión de nuestra identidad en el Universo. Un desierto que

no avanza, un tiempo mineralizado y detenido llevamos dentro. De ahí que el «yo»

consista en una hitesis inamovible que al nacer se nos asigna y que hasta el final

sin éxito intentamos demostrar.

 

 

 

 

 

 

 

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