lenta humedad

Sombra feliz del cabello

que se arrastra cuando el sol va a ponerse,

como juncos abiertos —es ya tarde;

fría humedad lasciva, casi polvo—.

Una ceniza delicada,

la secreta entraña del junco,

esa delicada sierpe sin veneno

cuya mirada verde no lastima.

Adiós. El sol ondea

sus casi rojos, sus casi verdes rayos.

Su tristeza como frente nimbada,

hunde. Frío, humedad, tierra a los labios.

 

Vicente Aleixandre

La destrucción o el amor

Obras completas 1924-67

Volumen I: poesía

aguilar/ biblioteca de premios nobel

segunda edición-primera reimpresión-1978

madrid


 

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