Oigo un grito amarillo: luz desgarrada por la luz.

Por caminos de espinas, he llegado

al páramo invisible.

No merecía la pena. Me dispongo

al olvido y al vértigo. Ésta es la última

dificultad. Es excesivo

este cansancio sin destino.

No

había palomas en la eternidad.

 No

había eternidad.

en Tres poemas de antonio gamoneda


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