VI

césar vallejo

 

de trilce

 

El traje que vestí mañana

no lo ha lavado mi lavandera:

lo lavaba en sus venas otilinas,

en el chorro de su corazón, y hoy no he

de preguntarme si yo dejaba

el traje turbio de injusticia.

A hora que no hay quien vaya a las aguas,

en mis falsillas encañona

el lienzo para emplumar, y todas las cosas

del velador de tánto qué será de mí,

todas no están mías

a mi lado.

   Quedaron de su propiedad,

fratesadas, selladas con su trigueña bondad.

Y si supiera si ha de volver;

y si supiera qué mañana entrará

a entregarme las ropas lavadas, mi aquella

lavandera del alma. Qué mañana entrará

satisfecha, capulí de obrería, dichosa

de probar que sí sabe, que sí puede

  ¡CÓMO NO VA A PODER!

azular y planchar todos los caos.

 

 

 

 


 

 

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