Zuzana, tal vez por simpatía [profunda] o por costumbre [profesional], se ha dispuesto frente

a nosotros como un vegetal de largas raíces y hermosas ramas, sentada en la maceta de sí misma

como si fuera la reina de las forsythias.

Es hermoso verla entre verde y verde, rodeada de plantas que quieren alcanzarla con ese estilo

tan propiamente vegetal de detener en el aire las últimas hojas o el extremo de las ramas, a medio

camino entre la nada y la nada, paradas en los peldaños de una escalera tonta.

A los seres vivos es que le encanta hacer tonterías.

Lorca defendía a las hierbas silvestres: ‘la gente dice que no sirven para nada, pero yo bien las veo

mover sus flores amarillas en el aire’ –olé el poeta, vale más su defensa que todo el florerío junto:

las ramas, cargadas de hojas y de flores, oscilan en el aire: ya está: eso es la vida.

Lo demás es otra cosa y mucho más aburrido.

Susana va de luto entre las plantas, que no conocen el negro.

 

 

 


 

 

 

 

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