manuel vilas

el hundimiento

 

ed. visor
madrid
2015

 

 

el último elvis

no fear, no envy, no meanness

liam clancy

 

 

 

Respeta siempre la destrucción de las mujeres
y de los hombres que amaron o intentaron, al menos, amar
la vida y esta les quemó o les rompió los huesos de la cara,
las entrañas y las venas y el hígado y el buen corazón,
respeta todos los sagrados y los más humildes hundimientos
de los seres humanos.

 

Respeta a quienes se suicidaron.

 

Respeta a quienes se arrojaron a los océanos.

 

No hables mal de ellos, te lo ruego, te lo pido de rodillas.

 

Ama a toda esa gente, esa muchedumbre, ese río amarillo
de la Historia de todos cuantos perdieron tan injustamente,
o tan justamente,
da igual.

 

Gente que aceleró en una curva.

Gente que escondía botellas en los rincones de su casa.

Gente que lloraba en los parques de las afueras de las ciudades.

Gente que se envenenaba con pastillas, con alcohol,
con insomnios aterradores, con veinte horas de cama todos los días.

 

Lo intentaron, pero no lo consiguieron.

 

Gente a quien le sobraba tres cuartas partes de su pequeño frigorífico.

Gente que no tenía con quien hablar semanas enteras.

Gente que no comía por no comer sola.

 

Son hermosos igualmente, te lo juro.

Resplandecerán un día.

Nombremos todo aquello
que nos convirtió en seres humanos.

Para que no haya miedo, ni envidia, ni maldad.

 

Amo, celebro, y exalto todos los hundimientos
de todos los seres humanos que pisaron este mundo.

 

Porque el fracaso no existió jamás,
porque no es justo el fracaso y nadie merece fracasar,
absolutamente nadie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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