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moisés mori 

 

arte y romance 

 

KRK Ediciones
 
2013

 

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Si eres viejo

y tienes gafas

y meriendas bizcocho —¡qué bizcocho!—

en la cafetería,

y tu mujer

—¡qué mujer, qué levadura!—

moja una rebanada en el café

y se chupa los dedos

y las pulseras;

y si (en la cara se te nota)

padeces del corazón

o la sangre apenas circula

(ya se ve que no bebes)

o has superado un trombo

la pérdida del oído

o la muerte de un hijo,

entonces,

mi viejo, mi caricatura

mi infame simulacro,

entonces ¿a qué tomas ese dulce?

¿Qué esperas de la vida?

¿la hora de la merienda?

Y tu mujer —vieja perla de esta estancia—

¿se conforma con relamerse, con ver

la televisión digital

y acordarse de cuando era guapa guapa?

Te contemplo en la cafetería:

la cara colorada, los lentes,

esa inconsciencia

y pienso en mi vida:

tan triste

tan increíble y penosa.

No hay salida —me dices sin querer.

Y yo te creo. Mi rebeldía

es solo vergüenza ajena, amor propio.

Al menos te desprecio. Otra mesa:

una caña, hacer tiempo, mala sangre

picar los cacahuetes (como el mono);

sin embargo no llego

a convencerme

de que escribir versos

ser poeta

—¡qué poeta!—

sea otra cosa

que mojar pasteles

chupar oro, endulzar la píldora.

Intervalo

desgarro

demora

sala de espera

el hocico.

Y risas. Risas.

 

 

 

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