oración fúnebre

 

Estás muerta.

Puedo mirarte en paz con toda facilidad. Tu frente es

pequeña y redonda. Antes no la había visto. Eres torpe.

Ahora veo que eres torpe.

Tienes pequeños ojos guiñadores. Ahora los veo. Todo

es pequeño y mezquino en tu casa. Tus cabellos son re­-

beldes, gruesos, groseros. Ahora lo veo. Tu labio pende

como el de una muchacha de cocina.

Ahora todo lo veo.

Estás muerta. Tú no eres nada.

Tú sólo eras una muchacha de cocina, una sucia. Una

que debía morir.

Pero yo te amaba. Eso era.

Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.

Me agradaba acariciar tus cabellos tanto, cuando ellos

eran vivos. Yo amaba todo lo que había de feo en tu

casa, tanto cuando esa fealdad era viviente.

Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.

Yo acariciaba tu cabellera, aunque ella fuese gruesa,

grosera. Yo amaba tus pequeños ojos, cuando ellos mi­-

raban delante de ellos en el mundo, la mañana.

Entonces yo amaba todo en tu casa.

Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto. Yo ama­-

ba tus grandes pies. Y tus manos agrietadas las amaba

también.

Ahora ellas están muertas. Ahora ya no existe nada. Es

preciso que continúe mi camino, que marche, que mar­-

che.

Tú, tú has muerto.

Ahora nada existe.

Ahora, tú, tú has muerto.

Ahora ya no existe nada en el mundo entero.

 

 

 

 

 

 

 

 

pär lagerkvist

Poetas suecos

Poesía universal traducida por poetas chilenos

Selección de Jorge Teillier

Colección antologías

Editorial universitaria

2ª edición 1998

Santiago de Chile

Traducción de Ángel Cruchaga Santamaría

Revista Letras, Santiago, 1930

 

 

 


 

 

 

 

 

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