rutina doméstica

 

Saboreo el café del desayuno después del diluvio.

El salmodiante Noé

está tendido desnudo entre sus hijas y la guitarra

con la tierra al alcance de la mano.

La casa apareció traída por un pájaro

colgada del pico. El café

es negro y suntuoso

como el trono de un monarca africano

con cabezas de leones labradas por el rayo.

 –

La Desconocida ambula por los cuartos

en las constelaciones del deseo,

perfumada y demasiado próxima

a las cosas que despiertan con ella,

con el desayuno,

llena de errores, indómita como las águilas,

enjoyada en su risa y su leyenda.

Escarbará en mi pecho con su zarpa, me bendecirá

en un idioma salino

en el que todo es orgiástico, devorador, inquietante.

 –  

Y tantos años han corrido con esta misma escena

mientras el gallo inicia el hechizo inexplicable

del día

que fosforece y pasa hacia las aguas oceánicas.

.

 

 

 

 

 

.
Enrique Molina

Rutina doméstica

 Visor de Poesía

Antología poética

1991

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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