Vuelo sin orillas

.

Abandoné las sombras,

las espesas paredes,

los ruidos familiares,

la amistad de los libros,

el tabaco, las plumas,

los secos cielorrasos;

para salir volando,

desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,

las amargas cornisas,

las calles desoladas,

los faroles sonámbulos,

las muertas chimeneas,

los rumores cansados;

pero seguí volando,

desesperadamente.

Ya todo era silencio,

simuladas catástrofes,

grandes charcos de sombra,

aguaceros, relámpagos,

vagabundos islotes

de inestables riberas;

pero seguí volando,

desesperadamente.

Un resplandor desnudo,

una luz calcinante

se interpuso en mi ruta,

me fascinó de muerte,

pero logré evadirme

de su letal influjo,

para seguir volando,

desesperadamente.

Todavía el destino

de mundos fenecidos,

desorientó mi vuelo

—de sideral constancia—

con sus vanas parábolas

y sus aureolas falsas;

pero seguí volando,

desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,

la limpidez maciza,

el vacío escarchado,

la inaudible distancia,

la oquedad insonora,

el reposo asfixiante;

pero seguía volando,

desesperadamente.

Ya no existía nada,

la nada estaba ausente;

ni oscuridad, ni lumbre,

—ni unas manos celestes—

ni vida, ni destino,

ni misterio, ni muerte;

pero seguía volando,

desesperadamente.

 

 

 

 

Oliverio Girondo

Vuelo sin orillas

De Persuasión de los días,

Oliverio Girondo, Obra

Losada, 1996

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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