diurno doliente

De pasión sobrante y sueños de ceniza

un pálido palio llevo, un cortejo evidente,

un viento de metal que vive solo,

un sirviente mortal vestido de hambre,

y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol

que su salud de astro implanta en las flores,

cuando a mi piel parecida al oro llega el placer,

tú, fantasma coral con pies de tigre,

tú, ocasión funeral, reunión ígnea,

acechando la patria en que sobrevivo

con tus lanzas lunares que tiemblan un poco.

Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa

tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas,

el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero,

una abeja extremada arde sin tregua.

Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos?

Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal,

y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas?

Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza,

y el tiempo del amor celestial que pasa volando,

han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera.

De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles,

de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra,

de asistencias desgarradoramente dulces

y días de transparente veta y estatua floral,

qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto?

De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada,

quién no es vecino y ausente a la vez?

Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo

tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera,

y un latido delgado, de agua y tenacidad,

como algo que se quiebra perpetuamente,

atraviesa hasta el fondo mis separaciones,

apaga mi poder y propaga mi duelo.

 

 

 

Pablo Neruda

Diurno doliente

Residencia en la tierra I (1925-1932)

Obras Completas I.

De «Crepusculario» a «Las uvas del tiempo» 1923-1954.

Edición y notas de Hernán Loyola.

RBA – Instituto Cervantes.

Barcelona. 2005

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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