Ch_simic

 

algunos poemas en prosa de El mundo no se acaba, de Charles Simic

I am the last Napoleonic soldier. It’s almost two hundred years later and I am still retreating from Moscow. The road is

lined with white birch trees and the mud comes up to my knees. The one-eyed woman wants to sell me a chicken,

and I don’t even have any clothes on.

The Germans are going one way; I am going the other. The Russians are going still another way and waving good-by.

I have a ceremonial saber. I use it to cut my hair, which is four feet long.

Soy el último soldado napoleónico. Han pasado casi doscientos años y sigo batiéndome en retirada de Moscú.

El camino está flanqueado por abedules blancos y el barro me llega hasta las rodillas. La mujer tuerta quiere

venderme una gallina, y ni siquiera tengo con qué vestirme.

Los alemanes van en una dirección; yo, en la contraria. Los rusos van por otro lado mientras se despiden.

Tengo un sable de gala. Lo uso para cortarme el pelo, que tiene metro y medio de largo.


 

I was stolen by the gypsies. My parents stole me back. Then the gypsies stole me again. This went on for some time.

One minute I was in the caravan suckling the dark teat of my new mother, the next I sat at the long dining room table

eating my breakfast with a silver spoon. It was the first day of spring. One of my fathers was singing in the bathtub;

the other one was painting a live sparrow the colors of a tropical bird.

Fui secuestrado por los gitanos. Mis padres me rescataron. Luego los gitanos volvieron a secuestrarme. Esto duró

un tiempo. Un minuto estaba en la caravana, mamando de la oscura teta de mi nueva madre, y al minuto siguiente

estaba sentado a la mesa imperial del comedor, tomando mi desayuno con una cuchara de plata.

Era el primer día de primavera. Uno de mis dos padres cantaba en la tina; el otro pintaba un gorrión vivo con los colores

de un pájaro tropical.


She’s pressing me gently with a hot steam iron, or she slips her hand inside me as if I were a sock that needed mending.

The thread she uses is like the trickle of my blood, but the needle’s sharpness is all her own. “You will ruin your eyes,

Henrietta, in such bad light”, her mother warns. And she’s right! Never since the beginning of the world has there been

so little light. Our winter afternoons have been known at times to last a hundred years.”

Ella me alisa suavemente con una plancha de vapor, o desliza su mano en mi interior como si fuera un calcetín que

necesita un zurcido. El hilo que usa es como el gotear de mi sangre, pero lo punzante de la aguja es todo suyo.

«Te vas a arruinar los ojos con esa luz tan mala, Henrietta», le advierte su madre. ¡Y tiene razón! Nunca desde que

empezó el mundo ha habido tan poca luz. Se sabe que nuestras tardes de invierno han durado a veces cien años.


 

We were so poor I had to take the place of the bait in the mousetrap. All alone in the cellar, I could hear them

pacing upstairs, tossing and turning in their beds. “These are dark and evil days,” the mouse told me as he nibbled

my ear. Years passed. My mother wore a cat-fur collar which she stroked until its sparks lit up the cellar.

Éramos tan pobres que tuve que hacer de cebo en la ratonera. A solas en el sótano, podía oírles moverse por

el piso de arriba o dar vueltas en la cama. «Vivimos malos tiempos, tiempos oscuros», me decía el ratón mientras

me mordisqueaba la oreja. Pasaron los años. Mi madre llevaba puesto un cuello de piel de gato, que acariciaba

hasta que las chispas alumbraban el sótano.


 

My mother was a braid of black smoke.

She bore me swaddled over the burning cities.

The sky was a vast and windy place for a child to play.

We met many others who were just like us. They were trying to put on their overcoats with arms made of smoke.

The high heavens were full of little shrunken deaf ears instead of stars.

Mi madre era una trenza de humo negro.

Me llevaba bien arropado sobre las ciudades en llamas.

El cielo era un inmenso lugar barrido por el viento para que un niño jugara en él.

Encontramos a muchos como nosotros. Trataban de ponerse sus abrigos con brazos hechos de humo.

En vez de estrellas, los altos cielos estaban llenos de pequeños y encogidos oídos sordos.


 

from The World Doesn’t End: Prose Poems, 1987 by Charles Simic, reprinted by permission of Harcourt, Inc. 

Source: The World Doesn’t End: Prose Poems (Harcourt Inc., 1987)

El mundo no se acaba

Editorial Vaso roto

2013

 

 


 

 

 

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