Ah, el mar. Recordaste mis fechorías
en la juventud más temprana, riéndote
y contesté: ¿Con eso solo te has quedado
de lo vivido junto a mí?
Así respondieron mis olas. Aceptando sin negar,
rompían en la orilla de tu pensamiento,
te obligaban la mirada; su amplitud comprensiva.

 

 

 

 

Inédito

Ángel Ferrer

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