Interior. Día.

Alvy Singer, ante un fondo neutro, habla a la cámara.

Alvy: Les contaré un chiste viejo. Ah, dos señoras mayores están en un parador de montaña,

y una dice: «Hay que ver lo mala que es aquí la comida». Y la otra replica: «Sí, ya, ya, y además

dan unas raciones tan pequeñas».

Pues bien, así es cómo veo yo la vida. Llena de soledad, de tristeza, de sufrimiento y de infelicidad,

y pasa todo tan deprisa…

Hay, hay otro chiste importante para mí, que suele, ah, atribuirse a Groucho Marx, pero yo creo

que aparece antes en «El chiste y su relación con el subconsciente», de Freud. Y dice así, poco

más o menos: «No me interesa pertenecer a ningún club que cuente a alguien como yo entre sus socios».

Ese es el chiste clave de mi vida adulta, en lo que a mis relaciones con mujeres se refiere.

¿Saben? Últimamente me pasan las ideas más raras por la cabeza, porque acabo de cumplir los cuarenta,

hum, y creo que estoy pasando por una crisis existencial o algo así, no sé.

Yo, bueno, envejecer no me preocupa. No soy de esa clase de individuos, ya saben. En fin, estoy

perdiendo algo de pelo en la coronilla, pero la cosa no pasa de ahí. Yo, ah, yo creo que mejoraré de

aspecto con los años, ¿saben? Yo; hum, yo pienso que entraré en la categoría de los calvos viriles,

ya saben, lo contrario de los seductores otoñales de cabellos plateados, por ejemplo, ¿no les parece?

A menos que acabe por no ser ni lo uno ni lo otro. A menos que me convierta en uno de esos individuos

que andan por las cafeterías con una bolsa de comida en la mano y la baba que se les cae de la boca,

pegando voces sobre el socialismo. (Suspira)

El caso es que Annie y yo hemos terminado y no, no consigo hacerme aún a la idea. Yo, bueno, yo no

paro de buscarle las vueltas a nuestras relaciones, de interrogarme sobre mi vida, de averiguar cuándo

empezaron a joderse las cosas, ya saben, pues hace un año estábamos, bueno, enamorados. Yo lo

único que… es curioso, yo no soy, no soy una persona triste, no tengo un carácter depresivo.

Yo, yo, ah. (Ríe) Yo era un niño pasablemente feliz, ¿saben? Me criaron en Brooklyn durante

la segunda guerra mundial.

Interior. Consulta del médico. Día.

Alvy niño está sentado en un sofá junto a su madre.

Madre: Tiene una depresión muy grande. De repente, ya no hay forma de que haga nada.

Médico (asiente con un cigarrillo en la mano): ¿Por qué estás deprimido, Alvy?

Madre: Cuéntaselo al Dr. Flicker. Ha sido algo que ha leído.

Médico: Algo que ha leído, ¿eh?

Alvy niño: El universo se expande.

Médico (off): ¿El universo se expande?

Alvy niño: Bueno, el universo es todo y, si continúa en expansión, acabará por estallar, ¡y eso sería el fin de todo!

La madre se vuelve hacia Alvy y grita con grandes aspavientos.

Madre: ¿Y a ti qué te importa? (Al médico) Ya no hace los deberes.

Alvy niño: ¿Y para qué?

Madre (gesticula): ¿Qué pinta el universo en todo esto? ¡Tú vives en Brooklyn! ¡Y Brooklyn no se expande!

Médico (off): Y no conocerá expansión sin que (gesticula) pasen antes billones de años, Alvy.

Hemos de procurar pasarlo bien mientras sigamos aquí, ¿eh? (Ríe)

 

 

 

 


Woody Allen


De Annie Hall

Woody Allen y Marshal Brickman

Tusquets Editores, 1981

Traducción de José Luis Guarner

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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