La vida, algunas veces, puede resultar salvaje y disciplinada,

como un apache domando potros. Y como resultado, morimos en el combate,

pero los que lo hacemos no nacemos ni para el cielo ni para el infierno.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Al fin y al cabo vivimos bajo un arma cargada,

a la que no se le puede vencer, ni rodear, ni dejar atrás. Un arma como recuerdos

fríos de emociones en descomposición.

 

Porque la muerte viene a veces de pronto, con sus carruajes y sus pedradas

y su tos cavernosa, así dice el poeta, al que no dejaba de serle mas que una

molestia. Algo como unos vecinos ruidosos, si bien, pone en el corazón

de cada uno de los días que nos queda por vivir sus ojos de mirada sumergida,

allí donde ya no llega la luz y sólo hay asfixia

y unos cuantos calamares bravos.

 

En estos casos cabe hacerse las preguntas necesariamente técnicas.

Afortunadamente todavía quedan cabras expertas en riscos. Entonces, tomanos nuestra

bolsa de basura, nuestra parte de miseria, para llevarla siempre con nosotros

y con amor. Lo dijo el poeta acertadamente.

 

Estad tranquilos, al final sólo queda el rastro de la memoria y la boca del océano

se expresará bien.

 

Como puedes ver los muchachos nunca pierden la curiosidad.