jaime

gil de biedma

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las personas

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del verbo

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infancia y confesiones

 

A Juan Goytisolo

 

 

Cuando yo era más joven

(bueno, en realidad, será mejor decir

muy joven)

algunos años antes

de conoceros y

recién llegado a la ciudad,

a menudo pensaba en la vida.

Mi familia

era bastante rica y yo estudiante.

 

Mi infancia eran recuerdos de una casa

con escuela y despensa y llave en el ropero,

de cuando las familias

acomodadas,

como su nombre indica,

veraneaban infinitamente

en Villa Estefanía o en La Torre

del Mirador

y más allá continuaba el mundo

con senderos de grava y cenadores

rústicos, decorado de hortensias pomposas,

todo ligeramente egoísta y caduco.

Yo nací (perdonadme)

en la edad de la pérgola y el tenis.

 

La vida, sin embargo, tenía extraños límites

y lo que es más extraño: una cierta tendencia

retráctil.

Se contaban historias penosas,

inexplicables sucedidos

dónde no se sabía, caras tristes,

sótanos fríos como templos.

Algo sordo

perduraba a lo lejos

y era posible, lo decían en casa,

quedarse ciego de un escalofrío.

 

De mi pequeño reino afortunado

me quedó esta costumbre de calor

y una imposible propensión al mito.

 

 

 

 

 

 

de Biedma, Jaime Gil. Las personas del verbo. Grupo Planeta

 

 

 


 

 

 

 

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