roberto bolaño

los perros románticos

bolaño

románticos perros

roberto

 

 

dino campana revisa su biografía

en el psiquiátrico de castel pulci 

 

 

 

 

Servía para la química, para la química pura.

Pero preferí ser un vagabundo.

Vi el amor de mi madre en las tempestades del planeta.

Vi ojos sin cuerpo, ojos ingrávidos orbitando alrededor de mi lecho.

Decían que no estaba bien de la cabeza .

Tomé trenes y barcos, recorrí la tierra de los justos

en la hora más temprana y con la gente más humilde:

gitanos y feriantes.

Me despertaba temprano o no dormía. En la hora

en que la niebla aún no ha despejado

y los fantasmas guardianes del sueño avisan inútilmente.

Oí los avisos y las alertas pero no supe descifrados.

No iban dirigidos a mí sino a los que dormían,

pero no supe descifrados.

Palabras ininteligibles, gruñidos, gritos de dolor, lenguas

extranjeras oí adonde quiera que fuese.

Ejercí los oficios más bajos.

Recorrí la Argentina y toda Europa en la hora en que todos

duermen y los fantasmas guardianes del sueño aparecen.

Pero guardaban el sueño de los otros y no supe

descifrar sus mensajes urgentes.

Fragmentos tal vez sí, y por eso visité los manicomios

y las cárceles. Fragmentos,

sílabas quemantes.

No creí en la posteridad, aunque a veces

creí en la Quimera.

Servía para la química, para la química pura.