agustín fernandez mallo | nocilla experience | alfaguara 2008

 

 

8.

 

 

Mohamed Smith es un crío de 4 años, concebido y nacido en Basora durante la ocupación

norteamericana de Irak. Va todos los días al colegio anglomusulmán, de reciente creación, de la

mano de su padre, John Smith, ex marine, quien le cuenta anécdotas de la guerra, como cuando

anclaban una cuerda en una azotea y bajaban a rapell hasta el piso en el que existía sospecha

de la existencia de un grupúsculo suní integrista. Tiraban entonces una granada de baja

potencia a través de la ventana y subían de nuevo por la cuerda a toda prisa hasta la azotea, en

la que sentían la detonación: durante un par de segundos temblaba levemente el terrazo, un

cosquilleo bajo sus pies que los soldados comparaban con la vibración que debe de sentir una

hormiga cuando camina por la piel de un tambor apenas golpeado. Era un día de mucho frío, y

John había tirado la cuerda fachada abajo, que se desplegó como un laberinto animado. Piso 6,

piso 5, piso 4, piso 3, rompió con el arma el cristal y empuñó la granada. Los ojos de una joven

irakí que cocinaba en el suelo de una sala de estar se encontraron con los suyos; ni suplicó ni

lloró, tan sólo miró al soldado como quien desde un avión no ve ya ni cielo, ni nubes, ni pájaros,

ni sol, únicamente esa metálica extensión del cuerpo que es el ala de un Boeing temblando bajo

una fuerza que sólo parte de uno mismo porque ahí fuera ya no hay horizonte, ya no hay nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

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