clarice lispector

Revelación de un mundo

A descoberta do mundo

 

Selección de textos, presentación,

revisión y notas de Amalia Sato

 

Adriana Hidalgo editora S.A.

octubre de 2005

Buenos Aires

 

 

 

 

 

 

 

chico buarque de holanda

 

 

Entré en un restaurante con una amiga y enseguida me encontré con

Carlinhos de Oliveira, lo cual me produjo alegría. Miré después alrededor.

Y ¿a quién veo? A Chico Buarque de Holanda. Le dije a Carlinhos: cuando

mis hijos sepan que lo vi, me van a respetar más. Entonces Carlinhos, que

se había sentado a nuestra mesa, gritó: ¡Chico! Él vino, fui presentada.

Para sorpresa mía, dijo: ¡Y yo que la estaba leyendo ayer!

Chico es lindo y es tímido, y es triste. Ah, cómo me gustaría decirle

algo —¿qué?— que disminuyera su tristeza.

Les conté a mis hijos con quién había estado. Y ellos, si no es que me

respetan más, en todo caso se quedaron boquiabiertos.

Entonces tuve una idea y no sé si resultará; si se da, les contaré. Era

llamar a Chico y a Carlinhos para que vinieran de visita a casa. Yo los veré

de nuevo, y sobre todo mis hijos los verán. Les hablé de esta idea y uno de

mis hijos dijo que no quería. Le pregunté por qué. Me respondió: porque él

es una personalidad. Le dije: pero tú también lo eres, a los siete años de

edad oías todo lo que teníamos de Beethoven y pedías más, tanto te

gustaba y sentías y entendías.

Pero quiero respetar a mi hijo. Le dije: si yo invito a Chico, y él viene,

sólo le das la mano y, si quieres, te retiras de la sala.

También Carlinhos me pareció triste. Le pregunté: ¿por qué estamos

tan tristes? Respondió: es así.

Es así.

 

 

chico buarque de holanda

 

Entrei num restaurante com uma amiga e logo deparei com Carlinhos de Oliveira, o que

me deu alegria. Olhei depois em torno. E quem é que eu vejo? Chico Buarque de Holanda. Eu

disse para Carlinhos: quando meus filhos souberem que eu o vi, vão me respeitar mais. Então

Carlinhos, que se sentara na nossa mesa, gritou: Chico! Ele veio, fui apresentada. Para a minha

surpresa, ele disse: e eu que estive lendo você ontem! Chico é lindo e é tímido, e é triste. Ah,

como eu gostaria de dizer-lhe alguma coisa – o quê? – que diminuísse a sua tristeza.

Contei a meus dois filhos com quem eu estivera. E eles, se não me respeitam mais, ficaram

boquiabertos.

Então eu tive uma ideia e não sei se ela irá adiante; se for, contarei a vocês. Era chamar

Chico e Carlinhos para me visitar em casa. Eu os verei de novo, e sobretudo meus filhos os verão.

Falei dessa ideia e um de meus filhos disse que não queria. Perguntei por quê. Respondeu: porque

ele é uma personalidade. Eu lhe disse: mas você também é, aos sete anos de idade ouvia tudo de

Beethoven que tínhamos e pedia mais, tanto gostava e sentia e entendia.

Mas quero respeitar meu filho. Disse-lhe: se eu convidar Chico, se ele vier, você só aperta a

mão dele e, se quiser, sai da sala.

Também achei Carlinhos triste. Perguntei: por que estamos tão tristes? Respondeu: é assim

mesmo.

É assim mesmo.

 

 

 

 

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