dámaso alonso

 

hijos de la ira

 

 

preparativos de viaje

 

 

 

 

a emilio garcia gómez
por su amistad
                           gracias

… et eramus natura filii irae sicut et ceteri…
                                     ephesios, ii, 3”

 

 

 

 

preparativos de viaje

 

 

Unos
se van quedando estupefactos,

mirando estúpidamente, más allá, cada vez más allá,
hacia la otra ladera.
Otros
voltean la cabeza a un lado y al otro,
la cabeza aún no vencida,
como si no quisieran perderse la última página de un libro de aventuras,
casi con gesto de desprecio.

 

Hay algunos
que agitan los brazos por fuera del embozo,
como si espantaran tozudos moscardones azules
o como si bracearan en un agua densa.

 

Otros maldicen a Dios,
escupen al Dios que los hizo
y las cuerdas heridas de sus chillidos
atraviesan las salas del hospital.

 

Algunos llaman a sus madres
las dulces madres
entre cuyas costillas hace ya muchos años
que se pudren las tablas del ataúd.

 

Y hay algunos, felices,
que pasan de un sueño rosado,
de un sueño dulce, tibio y dulce,
al sueño largo y frío.

 

Y se quedan con los ojos abiertos.
desmesurados en el espanto último,
como una mueca ante un extraño panorama,
o con los ojos casi cerrados, que miran por una fisura.

 

 

Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto
en la esquina, en el terrible momento del tránsito?
¿qué habéis visto en ese instante del encontronazo
con el camión gris de la muerte?

 

Tal vez cielos lejanos de estrellas, de lentos cometas solitarios,
o un infinito de nieve donde hay un rastro de sangre,
una huella inacabable de sangre,
o el color de una inmensa orquesta en el perfume de enero.

 

¿Qué han visto esos ojos que se quedan abiertos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te puede interesar

ángeles

 

Ángeles era todo corazón, pues ya se sabe
que el intelecto repite, pero el corazón descubre.