I

 

Considera, alma mía, esta textura

áspera al tacto, a la que llaman vida.

Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos

y en el color, sombrío pero noble,

firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.

Piensa en la tejedora; en su paciencia

para recomenzar

una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.

 

 

II

 

Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?

¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?

¿Castrar al potro Dios?

Pero Dios rompe el freno y continua engendrando

magníficas criaturas,

Seres salvajes cuyos alaridos

rompen esta campana de cristal.

 

 

 

 

rosario castellanos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rosario Castellanos


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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