Eduardo_Sivori__El_despertar_de_la_criada

 

        el despertar de la criada

La criada que se acaba de despertar –aunque duerme pocas horas y con un sueño ligero- tiene un cuerpo como dos

cuerpos -grande, fornido, macizo, fuerte de extremidades gruesas-, como el de un animal de carga, los pies duros, con

esos dedos apretados por la deformación romboidal de los juanetes, las pesadas tetas ya caídas –y tuvo dos pezones

como dos pedradas negras-, siempre cansada con un cansancio infinito que nadie le nota.

Está como pensativa, callada, granate, viviendo una vida que no sabe de quién es, tal vez de las moscas o de las flores

o de los caballos, un asunto sin asas que funciona como un molinillo de café. Lo tremendo de su historia natural fue eso:

cuando supo con una evidencia definitiva que no había nada que esperar, que el tiempo de la espera o de la esperanza

había terminado: aunque algo cambiara, aunque todo en su vida cambiara, ella ya no podría cambiar.

‘Vivir es fabricar futuros recuerdos’ –dijo el poeta, pero la vida de esta mujer está fabricada sin recuerdos, con los agujeros

de los recuerdos de lo que no vivió, y sólo recuerda que no estuvo allí, en otro sitio, en su vida, allí donde hubiera fabricado

recuerdos, allí donde hubiera debido estar. Le duele la rodilla izquierda o, más bien, la pierna izquierda, que, además, ahora

sabe que no empieza donde parece, en el muslo, sino mucho más arriba: por detrás, subiendo por la espalda, se engancha,

tira desde la altura de la raíz de las tetas, como un anzuelo o un nudo de alambre, rígido, que la frena con un golpe de dolor

que la sacude, como si levara un arpón clavado entre las vértebras.

Vete: adónde, para qué, con quién. Quédate: dónde, para qué, con quién.

 

 

 

 

 

 

 

Narciso de Alfonso

El desnudo femenino en la pintura: el despertar de la criada


 

Eduardo Sívori – (1874-1918)

El despertar de la criada- 1887

Óleo sobre lienzo de 198 X 131 cm

National Museum of Fine Arts in Buenos Aires

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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