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that moment just before

En efecto, esta pareja de tórtolos ya desplumados está en ‘ese momento justo antes’ de darse un pico,

aunque más bien es ella la que va a embocarlo a él, que no acaba de enterarse, y se limita a entreabrir

los labios y esperar. Cuando no se puede dar pan, hay que seguir siendo al menos levadura.

Bésame: para hacerme soñar, si me quieres matar, si tu amor es verdad. Lo dice la canción. Pero, viendo

la escena, uno se pregunta si el inminente beso contendrá todavía amor de verdad, peligro de muerte,

poder de ensueño.

No dudo de ellos, de los amantes, sino de que aún puedan traspasar el círculo de trescientos sesenta grados;

de que acudan los dos al mismo beso y al mismo tiempo: ya está duro el alcacel para zampoñas.

Contra toda corrección, ¿encontrarán en sus labios los puntos chinos del amor? ¿podrán separarse después

de este momento forajido? La boca de esta mujer tiene unas alas del tamaño de la nieve —lo dijo el poeta,

y enseguida quisieron traerlo de vuelta a la realidad y le aclararon: las bocas no tienen alas, ni la nieve

tiene tamaño. Pero los realistas del lenguaje descansan -quizá en paz- y al poeta le dieron el nobel, y sus

palabras siguen vivas. Mmmmmm.

Y el besador, con su linterna mágica y su gorra de visera, en el momento justo antes de estamparle el beso,

le susurra a ella: ‘cállate, que nadie sepa que estás en mí toda entera, cállate, no respires’.

Ya no necesitan un querer demostrativo: se besan para compartir el aire y los pulmones, locamente, para

darse de beber en la boca.

A media tarde, cada uno en su casa, cuando se cansan de estar solos, sin el otro, y de hacer el teléfono,

después de merendar, se buscan y se encuentran en la esquina de los novios, en la pura clandestinidad,

para darse unos besos demorados pero urgentes que siempre les saben a poco.

Fotografía de Lee Jeffries, That moment just before


 

 

 

 

 

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