la noche del soldado en la casa abandonada

 

 

El enemigo no está aquí: las sombras.
No sé si ha huido al mar o aúlla en la montaña.
perdido entre lobos o pegando, por sentir algo
el desnudo cuerpo a un roble.
                                  Su idea
cae de mi cabeza con el hacha que poda
una tras otra las ramas
del árbol en que la locura cantara, el búho:
es el otoño en mi cabeza.
Las palabras libertad, patria suenan ahora como el grillo
o como la puerta que el viento no conmueve: mañana
con mis cabellos encenderé la hoguera.
                                 Dos pájaros
pelean en lo alto con sus picos.
Temo morir.
                   Temo morir más que en la batalla
temo perder el ser, vencida la batalla
por medio de este ruido sigiloso.
                   Temo que caiga el nombre
                                                    como del muro
el revoco, el papel, el dibujo. ¿Qué es la noche?
¿Qué es el búho? ¡Si un perro ladrara!
Si un perro ladrara devolviéndome algo
del candor del estruendo, de
la vid de la batalla.
El ejército ruso no pudo con mi espada:
el silencio, sí.

 

 

De «El último hombre» (1983)

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

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