manuel vilas:

 

el cielo:

 

el nadador:

 

el cielo

 

2000

 

 

el cielo

 

 

Al final de un pasillo muy largo, verás a Dios, que te
recibirá con calma, te abrazará y te mostrará el lento
significado de la vida de cualquier hombre, pues todos los
hombres son uno solo. Ante tus ojos, Dios te mostrará la vida
antes de la historia y la vida después de la historia, con un
álgebra de carne y espíritu. Te enamorarás. El instante de tu
enamoramiento se abrirá en cien instantes, y estos en mil, y
estos en cien mil… Verás la nieve y el sueño que la creó, la
ocurrencia de la nieve, la divina e irónica ocurrencia con que
están hechos los hechos de los hechos y la última gota del
infinito, el humilde infinito, sencillo, pobre, necesitado. Todo
resurgirá ante tus ojos, y los enigmas que te atormentaron
quedarán resueltos como juego de niños. Y aun cuando se
cumpliera todo esto y otros cientos de deseos innombrables,
no serías feliz por más tiempo que el de unas semanas o unos
meses, o unos años, el tiempo que dura un nuevo juego
caprichoso, pero nada más. Lo cierto es que nunca podrías
ser feliz aun cuando Dios te mostrase lo que nadie ha soñado.
Por tanto, no sufras si nunca Dios te enseña las grandes
maravillas ocultas de la historia, el hombre y la vida, por
decirlo así. Por muy grande que fuese lo mostrado, tu
felicidad sería pasajera. Duerme en tu lecho, calla, duerme,
bebe y calla, como las bestias. Como las bestias, ajenas a la
resurrección de la carne, al mal y al amor, a la ley y a la gracia,
ajenas y sin embargo inocentes.

 

También la memoria es negra, como estas putas africanas
que se acuestan contigo por mil duros, y obedecen con agria
mansedumbre, y todo esto viene de la mano de Dios. Ponte
cerca de la ventana, para que te vea mi vecino, le he dicho,
ponte bien desnuda y enséñale el chichi para que vean lo puta
que eres y su mujerona llame a la policía y me denuncie por
escándalo público. Baila un poco tras las cortinas. Hace un
calor insoportable. El humilde infinito, pobre, necesitado,
mendigo del amor, de cualquier amor, de los amores baratos.

 

Salgo a la calle, me siento en un velador y pido un martini
y unas olivas. Mi cuerpo suda: es la gloria del verano, la
festividad de los necesitados, la alegría de los que van a vivir.
Alegría, gloria, resurrección, hermosura, inocencia, dicha,
felicidad, exaltación, gozo, majestad, esplendor, el cielo. No
olvides nunca que existe el cielo. Ve a vivir pensando en el
cielo, búscalo, es legítimo que un hombre empeñe la vida en
ser feliz. Lo demás no importa. Ve y sé feliz. Sé muy feliz.

 

 

 

 

 

 

 

manuel vilas
poesía completa
1980-2018

volumen MLIX de la colección Visor de Poesía
2ª edición, enero 2019
3ª edición, noviembre 2019

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madrid

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