bien, bueno, ya sabemos que Vilas también tiene que contarnos sus cositas

cuando escribe poesía. Tiene una cabeza y una boca perrunas, de perro de presa,

quizá por eso se meó encima el padre del niño del fotomatón. Habrá que encontrar 

un texto de confianza que nos diga de Vilas, que nos lo ubique, para no perder

el tiempo tanto si conviene leerlo como si conviene desecharlo. 

 

 

manuel vilas

 

el hundimiento

 

 

 

visor
madrid
2015

 

 

canción callejera
(a hustle here and a hustle there)

 

 

 

 

Viajo por España, de una punta a otra.
De Santander a Sevilla, cosas así.
El baile español. Un poco harto de ir y venir.
Pero me gusta.

Me gustan los hoteles NH y los AC y los Silken.
Me gusta beberme un Faustino IV en el bar del AVE.
Me gusta conocer bares y restaurantes
en ciudades españolas donde enseguida advierten
que no soy de allí: eso, por ejemplo, me pasó en Granada,
en Oviedo, en Valencia, en Bilbao, en Barcelona,
es divertido, te tiemblan las manos cuando te tomas una cerveza.

 

Siempre con este maldito temblor en las manos,
en mis santas manos. Es el miedo, el miedo de vivir aquí.

Ya sé que es un país que no merece la pena,
pero es el que, inexplicablemente, me ha tocado a mí.

La culpa la tuvo mi abuelo o mi bisabuelo
por no haber tenido el valor de emigrar a los Estados Unidos,
ni siquiera a Francia o a Alemania o a Suiza.

Eligieron quedarse aquí, y yo acabé
escribiendo en esta lengua callejera.

Yo creo que hay países plenos, grandes, fuertes
y países que no valen nada, igual que los seres humanos,
los libros, las casas, los artistas,
y la razón es una razón simple: la atávica voluntad
de querer ser o de no querer ser.

Y yo soy voluntad de querer ser, plena y violenta.
Muy violenta.

Siempre hace calor en España.
Era finales de octubre en Oviedo y hacía calor,
tuve que poner el aire acondicionado de mi NH.

A mi padre no le gustaba el calor y a mí tampoco.

Estamos bien en este albañal de país: hay playas, Ok, está bien.

Ahora viajo por España.

Me hice unas fotos de carnet en Chamartín
porque me tengo que renovar el DNI y el pasaporte;
había unos críos españoles jugando con el fotomatón,
les dije “largaos de aquí, capullos”.
Sus padre vinieron a pedirme explicaciones.
Cogí al padre por el cuello, y se meó encima.

Voy al gimnasio y mi cuerpo es una máquina.

Me molesta que tarden tanto tiempo
en hacerte el check-in en los hoteles.

Me gustan las chicas de la recepción.
Son jóvenes y guapas, me gustaría follármelas
a todas, pero parece que está prohibido o algo similar.
Es un deseo mental, luego seguro que no me empalmaba.
Me gustaría tener una polla de oro, infalible.

Me cabrea perderme por los pasillos
porque no entiendo bien la indicación
de los números de las habitaciones
de lo colgado que suelo estar siempre.

Pero al final encuentro la habitación.
Me falla la aritmética.

Oh, ciudades de provincias españolas,
necesitáis que alguien os eche una mano.

El gobierno pasa de vosotras
y el Rey de España también.

Todo el mundo quiere vivir primero en Madrid
y luego en Barcelona, aunque ahora menos
en ésta última, yo qué sé, tío, política y eso.
Política y eso, no política y sexo, que quede claro, tío.

Claro que me gustaría vivir en Madrid.

Claro que me gustaría tener mucha pasta
y muchos amigos, pero ya ves dónde he acabado
viviendo, y encima últimamente tengo problemas
de todo tipo, y eso, hermano, es otra historia
que no te pienso contar ni aquí ni ahora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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