merodeando al señor de las intenciones
Al señor de las intenciones le molestan las malas intenciones. Por eso es él el que las crea a su beneficio,
para así, nunca tener nada que ver en el asunto, en los asuntos de esta vida triste en espiral que nos rodea.
Seguramente en su día metió la pata, y se le fue la mano, y, desde entonces, su conducta es una mentira continua
para salvaguardar su imagen, su puesto en la vida, algo que tiene caducidad, aunque parece que él no lo tiene presente,
no es algo que esté dentro de su intención.
El señor de las intenciones te miente, pero te promete con fervor, que esta va a ser la última. De esta manera
convergen malas intenciones que rompen los lazos con la vida, con los que queremos. Claro, claro, el sentido
de todo esto es ¿madurar? Una cosa es no depender emocionalmente de nadie y otra muy distinta romper los lazos
con la vida, con lo que nos rodea. Algo que va en contra de cualquier naturaleza.
El señor de las intenciones sabe que las malas son lo que más molesta a la copia de Dios, por esto confunde,
para que los castigos sean impuestos a su imagen y semejanza. Cómo le gustaría ser una copia de Dios
para atraer el caos hacia aquel que no comulgue con su caprichosa filosofía.
El señor de las intenciones razona contrariamente a lo que yo pienso y los que me hablan se acercan alejándose.
Al señor de las intenciones un día se le acabó la esperanza. Hizo que convergieran malas intenciones, lo oí en el viento.
Ha roto los lazos con la vida, con los que quiero. Sabe que ahora no estoy preparado.
A su paso solo queda un vaho respirado mientras chocamos y en traslación giramos, invertidos, sobre un punto,
arañada la tierra por sus manos; esperando como fichas de dominó el seis doble.
ángel ferrer
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