A_Nude_With_Mandoline-George_Callot-1873

desnudo con mandolina

– 

 

 

Atrapada entre la mandolina y el paisaje, esta muchacha parece estar sufriendo mientras duerme desnuda

sobre la tierra, que tal vez es un barrizal porque tal vez está lloviendo. Pero, si en efecto está sometida a tantas

inclemencias y molestias, no se defiende, sin embargo, encogiéndose u ovillándose, ni siquiera buscando

una postura en la que podría estar menos expuesta.

 

No gotea el alba por todas partes con un desgarrador olor frío, con un alrededor de llanto –como dijo el poeta-,

pero la cosa general, la situación de conjunto, no parece muy favorable para ella. Porque la cebolla es otra

cosa: la idiotez de lo perfecto, y la muchacha no tiene signos (claros) ni de idiotez ni de perfección.

 

En este cuadro hay un exceso de realidad inexplicada, inexplicable. La muchacha está en un paisaje de apagado

sol, soportando una carga oscura: no sabemos más. En el campo, como un animal blanco de dios al que se

le están enfriando las plantas de los pies y el frío le hace encoger los dedos.

 

No puede estar dormida si no tiene los músculos de los brazos relajados por completo. Pero, si no duerme,

¿sólo descansa con mandolina? ¿tal vez un dolor intenso la ha derribado y la está anegando y la mantiene

inmóvil, paralizada en el suelo?

 

Viéndola, mirándola, nos tiene entre el cero y el cero, como si fuésemos los hombres huecos o como si

estuviéramos acompañando a la rosa que se muere, quizá porque es demasiado exquisita para esta vida.

En cualquier caso, está a la intemperie y no parece tener planes para desplazarse, aunque al fondo,

relativamente cerca, hay una casa con la chimenea encendida. A veces, sucede que no tenemos un lugar

adónde ir y después sí tenemos un lugar adónde ir, pero nos pasamos de largo. O quizá la muchacha es como

una de esas muñecas amontonadas en la basura, algunas sin brazos, solas, sin nadie que las vigile por la noche.

Y también parece claro que la tierra no comprende su nombre, que está hecho de impenetrables sustancias

divinas –así lo dejó dicho el poeta-.

 

 


 

Callot, Georges, (1857-1903)

A nude with mandoline – 1873

Óleo sobre lienzo de 109.3 X 172.8 cm

También titulado: Female nude in a landscape

 


 

 

 

 

 

 

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