Gente

            un baño de multitud

El fotógrafo nos ofrece un purísimo baño de multitud, de los que tanto disfrutaba el poeta de los poetas,

Baudelaire, que habló de gozar de la muchedumbre, de las almas errantes en busca de cuerpo, de los

placeres febriles, de la inefable orgía y de la santa prostitución del alma del que se desposa fácilmente

con la muchedumbre.

Sólo es necesario, por tanto, dejarse llevar, permitir que el alma, entregada en múltiple prostitución, se

balancee suavemente con el vaivén de los rasgos: a la izquierda, a media altura, esa muchacha, fea de

expresión, que frunce todas las facciones de la cara, enseñando los dientes y las encías; arriba, a la derecha,

la mirada oscura y tal vez intensa del muchacho de expresión seria y orejas grandes; abajo a la derecha,

esa muchacha con los ojos cerrados que ofrece el beso involuntario de sus labios; a su lado, en la esquina,

la mujer de mirada soñadora y cabello suave, con un flequillo que le despeina la frente.

Y todavía nos balanceamos en la superficie, aunque ya es posible sentir el efecto benéfico de la transmigración,

el placer de posarnos a nuestro antojo sobre la tibia piel, en el interior plegado y cartilaginoso de las orejas,

por donde sentimos pasar el sonido.

Para sumergirse en esta poblada muchedumbre sólo se precisa soltarse de los rasgos y aceptar pasivamente

la simbiosis con los cuerpos, uno a uno, en un choque sin choque por el que nos encontramos al otro lado del

cristal, en el interior de cada mirada, sumergidos en el agua de otro ser, dentro de un rumor silencioso, acunados

por el lentísimo vaivén de la fusión, extrañamente dispersos y reunidos.

Sin salir del lecho del agua, nos vamos deslizando desde el cómodo interior del hombre del centro, que se toca

la barbilla y mira hacia abajo, hasta la mujer que sonríe, detrás de él, con ligerísimas sacudidas.

Se trata de la embriaguez singular de esta universal comunión, como dijo el poeta, el bañista de las multitudes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narciso de Alfonso

© Fotografía de Servando Gotor Sangil

Merodeos urbanos y suburbanos


 

 

 

 

 

 

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