ella

 

Es misteriosa como el tiempo y el mercurio,

delirante y exacta, álgebra y fuego.

Cuando nadie la espera, coronada de escarcha

baja tarareando con pies maravillosos

por entre los helechos. Muchos enamorados

consagraron su vida a llamarla, elevaron

laboriosos palacios para ella

y no condescendió ni a una mirada.

No sirve para nada y son millones

los que viven por ella. Cuando piensas

que prefiere los locos y vagabundos, pasa

del brazo de un ministro o Mr. Eliot.

Es papeles manchados de tinta y es el mundo

con hogueras y robles, despedidas, los Andes,

la luna azul y Concha Valladares. Su rostro

constantemente cambia, inconstante. Y no cambia.

Bécquer la confundió con el Amor

y es una forma de no ser feliz.

 

 

 

 

Miguel d’Ors

 

 

 

 

 

 

 

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