En tu frente descansa el color de las amapolas

el luto de las viudas halla eco, oh apiadada:

cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos,

el delgado labrador te da la espalda,

de tus pisadas brotan temblando los dulces sapos.

El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su

olvidada voluntad,

las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros,

y la humedad es grande a su alrededor:

cruzando sus pensamientos incompletos,

queriendo alcanzar algo, o buscándote,

le palpitan los ojos pálidos en tu red

como instrumentos perdidos que brillan de súbito.

O recuerdo el día primero de la sed,

la sombra apretada contra los jazmines,

el cuerpo profundo en que te recogías

como una gota temblando también.

Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna

sobrelejos,

vigilas el mar como un ladrón.

Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta

desesperadamente a ti por el metal que necesita.

 

 

 

 

 

 

 

pablo neruda

serenata

De Residencia en la Tierra, Cátedra, 1987

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te puede interesar

eternidad

 

La vida vibrante entrando a borbotones; barriendo toda duda.

seis de corazones

 

Pero si lo piensas
con ese amor que sigue latiendo, cuando
el corazón deja de latir

 

el mar

 

Y en la tierra cumple su condena,
insumiso, con el viento, el sol y esa luna