arundel

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una tumba para los arundel

Uno al lado del otro, las caras borrosas,

el conde y la condesa yacen en piedra,

sus decorosos hábitos vagamente asoman

en forma de armadura articulada, pliegues

almidonados, y ese leve toque de absurdo:

los perrillos bajo sus pies.

La simplicidad de ese prebarroco

apenas llama la atención, hasta que el ojo

capta el guantelete izquierdo de él,

que, vacío, la otra mano sostiene, y ve,

con una sorpresa a la vez brusca y tierna,

que le está cogiendo la mano a la mujer.

No pensaron que durarían tanto.

Esa fidelidad en efigie era apenas

un detalle que los amigos verían:

la amable gracia de encargo de un escultor

que solo pretendía contribuir a que pervivieran

los nombres en latín que hay en la base.

No imaginaban qué pronto,

en su supino viaje estacionario,

el aire se haría callado deterioro,

los convertiría en ocupantes anónimos;

qué pronto los ojos que vendrían luego

comenzarían a mirar, no a leer. Rígidos

persistieron, unidos, a través de longitudes

y anchuras de tiempo. Cayó nieve sin fecha. La luz

cada verano inundaba el cristal. El alegre

reclamo de los pájaros se esparcía

por el mismo terreno sembrado de huesos. Y por los caminos

llegaba la gente, infinita y distinta,

en una marea que diluía su identidad.

Ahora, desamparados en el vacío

de una época sin heráldica, un cubículo

donde flota una madeja de humo

sobre su fragmento de historia,

solo una pose permanece:

el tiempo los ha convertido en algo

falso. Esa fidelidad en piedra

que nunca pretendieron ha resultado

su blasón final, y demostrado

que nuestro casi instinto es casi cierto:

lo que sobrevivirá de nosotros es el amor.

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An Arundel tomb

Side by side, their faces blurred,

The earl and countess lie in stone,

Their proper habits vaguely shown

As jointed armour, stiffened pleat,

And that faint hint of the absurd –

The little dogs under their feet.

Such plainness of the pre-baroque

Hardly involves the eye, until

It meets his left-hand gauntlet, still

Clasped empty in the other; and

One sees, with a sharp tender shock,

His hand withdrawn, holding her hand.

They would not think to lie so long.

Such faithfulness in effigy

Was just a detail friends would see:

A sculptor’s sweet commissioned grace

Thrown off in helping to prolong

The Latin names around the base.

They would not guess how early in

Their supine stationary voyage

The air would change to soundless damage,

Turn the old tenantry away;

How soon succeeding eyes begin

To look, not read. Rigidly they

Persisted, linked, through lengths and breadths

Of time. Snow fell, undated. Light

Each summer thronged the glass. A bright

Litter of birdcalls strewed the same

Bone-riddled ground. And up the paths

The endless altered people came,

Washing at their identity.

Now, helpless in the hollow of

An unarmorial age, a trough

Of smoke in slow suspended skeins

Above their scrap of history,

Only an attitude remains:

Time has transfigured them into

Untruth. The stone fidelity

They hardly meant has come to be

Their final blazon, and to prove

Our almost-instinct almost true:

What will survive of us is love.

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Philip Larkin

Una tumba para los Arundel

Poesía Reunida

Las bodas de pentecostés

The Complete Poems, Archie Burnett, ed.

Nueva York, Farrar, Strauss and Giroux, 2012

Versiones de Damián Alou y Marcelo Cohen

Lumen

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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