raymond carver

 

todos nosotros

 

poesía completa

 

donde el agua se junta con otras aguas

 

VI

 

en plena noche con niebla y caballos

 

 

 

[ezcol_1half]    

Estaban en la salita. Despidiéndose.
El fracaso repicando en los oídos.
Habían pasado mucho juntos, pero ya
no podían dar un paso más. Además, para él
había alguien. Caían lágrimas
cuando surgió un caballo de la niebla
en el jardín delantero. Luego otro, y
otro. Ella salió y dijo:
«¿De dónde venís, caballitos?»
y pasó entre ellos, sollozando,
tocándoles los flancos. Los caballos comenzaron
a pacer en el jardín.
Él hizo dos llamadas: una directamente
al sheriff – «A alguien se le han escapado los caballos».
“Pero hubo también otra llamada.
Luego se unió a su mujer en el jardín
y ambos les hablaron y les murmuraron
a los caballos. (Todo lo que estaba
pasando pasaba en otro tiempo).
Los caballos pastaron en el jardín
aquella noche. Una luz roja de emergencia
resplandeció al surgir el sedán bajo la niebla.
Llegaban voces.
Al final de aquella larga noche,
cuando finalmente se abrazaron,
ese abrazo estaba lleno de
pasión y de recuerdos. Cada uno recordó
al otro cuando era joven. Ahora algo se había terminado
y otra cosa iba a ocupar su lugar.
Llegó el momento de la despedida.
«Adiós, que te vaya bien», dijo ella.
Y la marcha.
Mucho después,
él se acordaba de haber hecho una llamada desastrosa.
Una en la que tuvo que insistir e insistir,
una maldición. Se redujo
a eso. El resto de su vida.
Una maldición. [/ezcol_1half] [ezcol_1half_end]     

 

 

late night with fog and horses

 

They were in the living room. Saying their
goodbyes. Loss ringing in their ears.
They’d been through a lot together, but now
they couldn’t go another step. Besides, for him
there was someone else. Tears were falling
when a horse stepped out of the fog
into the front yard. Then another, and
another. She went outside and said,
«Where did you come from, you sweet horses?»
and moved in amongst them, weeping,
touching their flanks. The horses began
to graze in the front yard.
He made two calls: one call went straight
to the sheriff – «someone’s horses are out».
But there was that other call, too.
Then he joined his wife in the front
yard, where they talked and murmured
to the horses together. (Whatever was
happening now was happening in another time.)
Horses cropped the grass in the yard
that night. A red emergency light
flashed as a sedan crept in out of fog.
Voices carried out of the fog.
At the end of that long night,
when they finally put their arms around
each other, their embrace was full of
passion and memory. Each recalled
the other’s youth. Now something had ended,
something else rushing in to take its place.
Came the moment of leave-taking itself.
«Goodbye, go on», she said.
And the pulling away.
Much later,
he remembered making a disastrous phone call.
One that had hung on and hung on,
a malediction. It’s boiled down
to that. The rest of his life.
Malediction.[/ezcol_1half_end]

 

 

 

 

 

 

the collected poems
raymond carver, 1996
traducción: jaime priede

 

dedico esta edición de la poesía de raymond carver
a cuatro parejas cuya amistad siempre nos ha alimentado
a ray y a mí: bill y maureen; harold y lynne; alfredo y susan;
dick y dorothy.

 

tess gallagher

 

 

todos nosotros, todos nosotros, todos nosotros
intentando salvar
nuestras almas inmortales, por caminos
en algún caso más sinuosos y misteriosos
aparentemente
que otros.

 

raymond carver

«en suiza»

 

 

 

 

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