Julia está mucho más desnuda –o mucho menos vestida- porque está descalza,

porque se ha descalzado: la mayor transgresión que siente es haberse quitado los zapatos.

Más que descalza, Julia se siente desnuda de pies: monta uno sobre otro, tiende a ocultarlos,

tiene pudor de mostrarlos.

Tal vez importa que no haya estado descalza desde el principio, sino que se haya descalzado,

despojándose del vestido de los pies como hubiera podido despojarse del bikini, desnudándose

en una especie de striptease zapatero.

Quizá también importa que, al quitarse los zapatos, sienta sus piernas completamente, del todo

desnudas, enseñando la intimidad última de sus pies al aire.

Está hermosa de pies desnudos, claro, de ese amontonar los dedos para que se confundan,

escondiéndolos, para  que no se distingan bien unos de otros, ni un pie del otro pie, para que

parezcan más bien una camada de diez cerditos que se apelotonan buscando la teta de la madre.

 

 

 


 

 

 

 

 

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