usted no comprende

Si usted no esperaba visitas esta noche

y sin embargo suena el timbre

se sentirá vagamente culpable. Y así es:

la policía detrás de la puerta como un síncope.

Veamos. Usted no ha matado a nadie, supongo,

saqueado un banco, falsificado moneda, ni siquiera

cultivó iluminadas mentiras.

Usted se ha portado bien

incluso a solas con su propio cerebro.

Pero de todos modos ahí está la policía

para saber a fondo quién es quién en este mundo

y usted se pregunta en qué época cayó

que no lo dejan a uno terminar la sopa

o un escándalo personal debajo de la frente.

Lo que pasa es que usted se ha descuidado.

Usted ha ignorado el límite de su inocencia.

¿Le parece poco? ¿Acaso no ve

qué agitados andan los periodistas en estos días?

Así que ahora debe abrir la puerta

y encontrar un final con los documentos en la mano.

A mí me ocurrió una vez,

cuando la pandilla de hierro aulló en el corredor con razones propias.

Así que resulté culpable en medio de un círculo de revólveres

como ahondado en la concavidad de una vergüenza.

Y cuando me soltaron quedé con un odio tan espeso

que no pude restaurar un orden dentro de mi cabeza

pero sí intoxicar la historia contemporánea

con sólo permanecer en mi agujero.

Aunque pensándolo bien

alguien se equivocó esa noche para que yo esté vivo.

Joaquín O. Giannuzzi

de Cabeza final

2/ demandas de la existencia


 

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