marosa di giorgio

 

 

el gran ratón dorado

el gran raton de lilas

 

relatos eróticos completos

 

misales
camino de las pedrerías
lumínile
rosa mística

 

 

 

1ª ed.
buenos aires – el cuenco de plata
2008

 

 

 

 

hortensias en la misa

 

 

 

Era una casa sola con el techo a dos aguas y un gran hueco
en el centro, una casa posmoderna (…) y un gran ribete de
hortensias; éstas agigantadas -y en un pardo azul; o blancas,
o color de rosa; como azaleas y lloviznas.
Señora Dinoráh la bordeó de noche y casi sonriendo.
Entonces, apareció el Novio.
Rígido traje. Camisa de organdí de novio, de muerto.
La breve melena algo inflada al aire.
Le dijo: —Señora Dinoráh, yo soy su Novio. Y es hoy la
boda.
—Cómo?
—Sí. Y acá.
Ella trastabilló. Quiso respaldarse en las hortensias y
éstas cedieron por los tronquillos. Entonces, el sostén vendría
sólo de ella misma.
Del pavor, un rato después se le cayó un huevo blando
rodando de su interior entre las piernas y hasta el suelo con
un leve Plap. Un huevo virgíneo, sin galladura, claro.
El Novio se dio cuenta, a pesar de la noche. Y parpadeó.
Luego, se recompuso y dijo: —Bien, venga señora Dinoráh.
Vamos a la casa.
Acentuaba la a. Era gracioso, y señora Dinorah casi sonrió
a pesar de lo aterrante de la situación. Así llegaron a la
casa. Se miraron de pie:
No había ningún asiento.
Él dijo: —Es extraña esta ciudad. Compuesta sólo por esta
casa.
—Sí.
Y agregó: —Señora, usted pone huevos, ¿no es cierto?
—Y

—Bien, entonces, quítese esos mantos.
Los mantos eran tres. Afuera, uno negro; azul el de la
mitad. Y otro negro después. E iban con cadenillas para que
no se corriesen.
Señora Dinorah vio por la mirada de él, la urgencia, sin
dilación.
Desprendió los broches. Cayó un manto. Quedó con el
celeste radíoso igual que el cielo. Miró al Novio así, a ver si
se detenía ante algo tan celeste. Pero, no. Cayó el velo ése y el
otro negro. Quedaron las tres livianas capas en el piso.
Señora Dinorah quedó desnuda. Larga y blanca como
una vara, como un manojo. Se le transparentaban los huevos
en procesión, los huevos blancos de convento, diáfanos
y brillantes como lágrimas.
Él agregó:
—Sepamos, señora Dinoráh, que hoy tendrá su minuto de
gloria y del final.
¡Oh! aún no había iniciado él esta frase y ya, la víctima,
señora Dinorah la víctima, la había oído toda y se escapó de
las manos de plata del Novio e ingresó a la hortensia. A zarpazos
desapareció ahí. Las flores se estremecían, giraban, hicieron
como un huracán, un murmullo disimulante y quedaron juntas
y quietas.
El Novio llegó y se detuvo. Ingresar en las flores y buscar?
No era tan absurdo. Todo el plantío se había cerrado como
un mar.
Pasada una larga hora, señora Dinorah se alzó apenas,
con levedad, sacó un ojo temblando por ver qué había. No
vio nada, pero, igualmente se agachó a esperar un poco
aún. Y así, otras veces. En una de esas postraciones abrazó
sin querer en el suelo, algo vivo, caliente, grueso, liso, un
cerdito de jardín, le pasó la mano por el pelo, lo besó de
pronto en la boca (pero qué ocurrencia!), él le devolvió el
beso con lengua rosada, espesa, de clavelinas y jamón; después
él se le atrevió a un seno y al otro, se abrazaron a
jugar, rodaron juntos por lo hondo de las plantas, hasta
que sucedió todo y todo sucedió. Luego de un rato se oyó
un tremendo ¡Ah!
En el linde del jardín, el Novio se reconstituyó. Quedó de
nuevo delgado y alto, con manos largas, rostro pálido. Con
una de estas manos cruzó la luna, pareció saludar, despedirse
y saludar.
—Adiós, señora Dinoráh. Era su minuto de gloria y también
de muerte. Como pude, lo hice. A eso venía. No me
podía ir, si no. Adiós, señora, adiós y adiós.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre los Relatos eróticos

¿El acto erótico es un acto bello en sí mismo? ¿Cuál es
su función en la literatura?
—Creo que sí es bello. He visto la conjunción de una abeja
con un azahar y era hermoso, una cosa de ángeles.
No está destinado a funcionar en la literatura. Es.

 

¿Podría decirnos si hay una escritura poética, si hay una
marca específica que pueda delimitar cuándo un texto
es poético y cuándo no?
—Escritura poética siempre hubo, o mejor, eternamente
hubo. Desde que fueron escritas las estrellas. Antes. Siem-
pre.
En cuanto a percibir esto, depende del auditor, el veedor, el
receptor, en fin, del lector. Depende de las antenas que éste
posea. Si carece de eso es mejor que se dedique a nadar.

 

¿Está de acuerdo con Georges Bataille en que la violencia
es el alma del erotismo? ¿Hay alguna diferencia entre
pornografía y erotismo?
—Yo no hablaría de violencia, más bien de un alcohol
azul ardiendo, un perfume profundo de jazmines, un
arcoiris con manías extrañas. Un azahar de azahares.
La diferencia entre pornografía y erotismo es abismal,
sin desdeñar ningún género.

 

¿Cuál es un lector ideal?
—Creo en el lector-autor; aquel que al leer, recrea, crea,
de nuevo, con placer, lo que el autor dijo.

 

Algunos lectores perciben una continuidad entre su líri-
ca y sus relatos eróticos. Otros, en cambio, creen que
hay un deliberado sondeo en la ruptura. ¿Qué opina?
—Me deslizo, me aventuro siempre por el mismo bosque,
el que me dieron. Todos son papeles eróticos. Últimamen-
te estoy hallando cosas más arduas y raras, pero, siempre
bajo la misma estrella. No me propongo nada, no busco
nada. Encuentro.

 

Dice la poeta rusa Marina Tsvietáieva: «No hay naturaleza
no animada, sólo hay naturaleza no inspirada» ¿Qué
le sugiere este pensamiento?
—Que Marina se equivoca. Pero de cabo a rabo. Hay
una constelación hirviendo adentro de la piedra.

 

 

 

Reportaje a Marosa dí Giogio en ocasión del lanzamiento de Rosa
Mística, realizado por Walter Cassara y publicado en Página/12.
Marosa respondió por escrito. Marzo de 2003.

 

 

 

 

 

 

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