[ezcol_1half]   

robert davidson



Crecí espiritualmente nutriéndome del alma de la

gente.

Si veía un alma fuerte

la hería en su orgullo y devoraba su fuerza.

Los refugios de la amistad conocían mi astucia,

porque cuando podía robar a un amigo lo hacía.

Y toda vez que lograba ensanchar mi poder

socavando una ambición, lo hacía,

así calmaba la propia.

Y triunfar sobre las otras almas,

sólo para afirmar y demostrar mi fuerza superior

era para mí un placer,

el agudo regocijo de la gimnasia del alma.

Devorando almas hubiera podido vivir eternamente.

Pero sus indigestas sobras me provocaron una

nefritis mortal,

con terrores, desasosiegos, depresiones,

odio, suspicacia, visiones perturbadoras.

Al fin me desplomé con un alarido.

Recordad a la bellota;

no devora a las otras bellotas.

  [/ezcol_1half] [ezcol_1half_end]   



Robert Davidson


I grew spiritually fat living off the souls of men.

If I saw a soul that was strong

I wounded its pride and devoured its strength.

The shelters of friendship knew my cunning

For where I could steal a friend I did so.

And wherever I could enlarge my power

By undermining ambition, I did so,

Thus to make smooth my own.

And to triumph over other souls,

Just to assert and prove my superior strength,

Was with me a delight,

The keen exhilaration of soul gymnastics.

Devouring souls, I should have lived forever.

But their undigested remains bred in me a deadly nephritis,

With fear, restlessness, sinking spirits,

Hatred, suspicion, vision disturbed.

I collapsed at last with a shriek.

Remember the acorn;

It does not devour other acorns.

[/ezcol_1half_end]

 

 

 

 


Edgar Lee Masters

Robert Davidson

Antología de Spoon River

Cátedra 2014

Madrid

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te puede interesar

ángeles

 

Ángeles era todo corazón, pues ya se sabe
que el intelecto repite, pero el corazón descubre.