Día: 17 de octubre de 2014

sin mirar hacia atrás

luis alberto de cuenca

 

vive la vida

 

 

Vive la vida. Vívela en la calle

y en el silencio de tu biblioteca.

Vívela en los demás, que son las únicas

pistas que tienes para conocerte.

 

 

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imagínate ser como ellos

philip larkin

 

regreso a los sapos

 

 

¿Quién no prefiere pasear

por el parque a trabajar?

El lago, el sol,

hierba donde echarse,

lejano rumor de críos

 

philip

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comiendo cerezas negras están los enterradores

mahfúd massís: las bestias del duelo

 

la gran noche

 

 

 

 

Arrodillado en mi ataúd, llorando,

con el amarillo llanto de todos los muertos,

tu perro de laurel solloza, vida mía.

Succionando el aceite de las grandes bestias,

 

 

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otros amaneceres, otros llantos

juan gelman: valer la pena

 

¿cómo?

 

 

¿Cómo sabe Andrea que la poesía no tiene cuerpo, no

tiene corazón

y en su hálito de niña pasa o puede pasar

y habla de lo que siempre no habla?

 

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el trueno más allá del popocatépetl

malcom lowry

 

el trueno más allá del popocatépetl

 

 

 

 

Negros nubarrones de tormenta

combaten contra el viento

más allá del Popocatépetl,

del mismo modo que el viento de la razón

 

 

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de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia

césar vallejo

 

la violencia de las horas

 

 

 

Todos han muerto.

Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo.

Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las

mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: «Buenos días, José!

Buenos días, María!»

 

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por qué trajeron este cadáver en medio del día

mahfúd massís: llanto del exiliado 

 

III

 

 

 

A piedra de mi país, a río gastado

me comparan,

o a los pantalones de un loco

que va en medio del invierno

 

          ‘no es casualidad –ni descuido- que estemos

           llamando a mahfúd tantas veces para que vuelva

           a vernos’

 

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miré tus pies, subidos al sofá, en zapatillas

raymond carver

 

zapatillas

 

 

Los cuatro sentados en círculo aquella tarde.

Carolina nos contaba su sueño. Cómo se despertó

ladrando una noche. Y se encontró a su pequeño perro,

Teddy, al lado de la cama, mirándola.

 

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